A ciegas

De vez en cuando no puedo resistir la tentación de comprar un libro “a ciegas”. Creo que parte de la culpa de tomar decisiones de este tipo viene del hecho de no poseer un vasto conocimiento literario.  Pero también hay un poco de avidez de aventura que permita abrir un nuevo camino en el horizonte espacial y temporal que no habría tomado de otro modo.

El otro día tomé una decisión que podría considerarse a bote pronto como una elección “a ciegas” pero que no lo es en absoluto. Y no lo es porque seguí de forma algo indiscreta los consejos de  un amante de la literatura y de las relaciones interpersonales que trabaja en la FNAC.

Desde hace tiempo, cuando busco un libro, y en la mayor parte de los casos sin tener toda la información (¿cuándo aprenderé a llevar todo preparado?), busco a este chico. Sabe qué libros busco aunque no sepa decirle ni autor, ni título, ni editorial…; los encuentra al segundo, me recomienda cuando tengo dudas, me comenta los argumentos y los sentimientos que le han provocado…. Se entrevé su gran pasión por los libros en el brillo de sus ojos cuando transmite sus conocimientos.

Mientras revisaba qué libros de Pushkin, Tolstoi y Dostoievski tenían en sus estanterías no pude evitar escuchar una conversación que mantenía con una mujer a la que le unía una relación de confianza por como se desarrollaba el diálogo. Le recomendaba un libro, que según él era un libro precioso. No dudé un sólo instante y dejé para más adelante mi inmersión en las letras eslavas para coger un ejemplar del libro.

Tenerlo en mis manos me produjo un sentimiento especial. Tuve la sensación de que este libro era diferente, que no era como uno de esos libros que se encuentra cuidadosamente ordenado en una mesa junto a otros best-sellers y que la gente compra sin invertir tiempo en pasear a lo largo de los pasillos repletos de estanterías y sin tocar alguno de los ejemplares que allí se cobijan. Alguna vez he comprado uno de esos best-sellers en los aeropuertos, que presentan con reclamo el hecho de que ese libro sea uno de los más vendidos (aunque no lo fuera el circulo vicioso ya se encargará de que así sea). En esta ocasión sé que este libro ha conseguido cautivar a ese chico apasionado por la literatura y eso es para mí un reclamo suficiente.

Mi siguiente visita a la tienda será para comentarle que el libro me ha parecido exquisito  y pedirle que, ahora sí, me recomiende otro libro sin tener que robar al aire su consejo.

Os deseo de todo corazón una muy felices fiestas y que vuestra vida esté tan llena de pasión como la que la protagonista del libro, Helene Hanff, tenía por la literatura y los viejos libros.

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Una respuesta para “A ciegas”

  1. chgamallo Dice:

    Querido Iñaki, iré por partes:
    1. Qué bien que vuelvas a escribir! Qué bien, qué bien!
    2. Creo que para Reyes pediré trasladarme al número 84 de Charing Cross Road ;-)
    3. Sigue robando al aire consejos tan buenos como estos. Me ha encantado la expresión, infinitamente más bonita que poner la oreja.
    Y 4, sé feliz.
    Besos,

    Chris

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